A poco más de dos años del incendio que, el 9 de enero de 2024, devastó sus instalaciones y arrasó con su reserva de sangre, el Servicio Nacional de Sangre reabrió sus puertas en su sede de 8 de Octubre y Garibaldi. La reapertura marca el cierre de una etapa crítica y el inicio de una nueva fase para un organismo clave en el sistema sanitario uruguayo.
La ceremonia contó con la presencia de autoridades de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE), encabezadas por su presidente, Álvaro Danza, así como representantes de la Dirección Nacional de Sanidad de las Fuerzas Armadas, liderados por el general Mario Moreira. También participaron funcionarios, donantes y público en general, protagonistas silenciosos de un proceso de reconstrucción que puso a prueba la resiliencia institucional.
La directora interina del Servicio Nacional de Sangre, doctora Lilia López, recordó con crudeza el impacto del siniestro. "Por una chispa se desató un incendio con una destrucción muy importante. Se destruyó el edificio, equipamiento de alto costo y lo más valioso que teníamos: nuestra reserva de sangre", señaló.
El golpe fue particularmente severo no solo por las pérdidas materiales, sino por el momento en que ocurrió. Enero es un mes en el que históricamente disminuyen las donaciones, lo que vuelve aún más necesario contar con reservas suficientes para sostener la demanda asistencial. "Lo que veíamos era sangre carbonizada, algo que nunca había visto en mi vida", expresó López, dando cuenta de la magnitud de la tragedia.
Sin embargo, la respuesta fue inmediata. Apenas 24 horas después del incendio, equipos técnicos ya se encontraban operativos, primero en el Hemocentro, luego en el SMI y finalmente en el Hospital Central de las Fuerzas Armadas, donde el servicio funcionó durante dos años. Paralelamente, se organizaron jornadas especiales de donación para recomponer el stock, una tarea considerada prioritaria para garantizar la continuidad de la atención.
El Servicio Nacional de Sangre cumple un rol estratégico: además de abastecer a ASSE, procesa estudios de enfermedades transmisibles de donantes de gran parte del país, con excepción de la región Este, cubierta por el Hemocentro de Maldonado. "Hay muchos pacientes que dependen de nosotros", subrayó López, quien destacó especialmente el compromiso de los donantes: "Son el tesoro más grande que tenemos".
Por su parte, el presidente de ASSE, Álvaro Danza, evocó el impacto personal que le generó el incendio, ocurrido en su propio barrio. "Fue una tragedia para todos", afirmó. En su intervención, destacó la importancia de la continuidad de las políticas públicas: "Esta obra comenzó en la administración previa. El Uruguay necesita continuidad en los procesos, no borrón y cuenta nueva".
Las obras de reconstrucción comenzaron el 18 de febrero de 2025, antes del inicio de la actual gestión, y fueron retomadas como una prioridad. Danza subrayó el valor estratégico del servicio, no solo para ASSE sino para todo el sistema de salud, ya que funciona como reserva para múltiples prestadores que requieren hemoderivados.
Asimismo, resaltó el compromiso del equipo humano: "El personal se puso el trabajo al hombro, con el objetivo de mantener el servicio vivo a pesar de la adversidad". También valoró el rol de la Sanidad Militar en la contingencia, destacando la complementación público-pública como una herramienta clave para fortalecer el sistema sanitario y optimizar el uso de recursos estatales.
En esa línea, mencionó avances en acuerdos entre ASSE y el Hospital Central de las Fuerzas Armadas, particularmente en el uso de camas de CTI para adultos, pediátricos y neonatales, lo que permite reducir la contratación de servicios externos y reforzar el sector público.
Desde la Dirección Nacional de Sanidad Militar, la doctora Mónica Noble recordó la rapidez con la que se organizó la respuesta institucional. "El mismo día del incendio comenzamos a reunirnos. Cuando recibimos el llamado de la doctora López, ya teníamos una mesa de trabajo armada", explicó.
El hospital militar adaptó espacios, reasignó áreas previstas para otras funciones y movilizó equipos técnicos de arquitectura, ingeniería y servicios hospitalarios para permitir la instalación completa del Servicio Nacional de Sangre. El trabajo conjunto se extendió durante meses, en una dinámica de coordinación permanente.
Noble destacó también la integración entre equipos: funcionarios del Servicio Nacional de Sangre y de Sanidad Militar trabajaron codo a codo, facilitando la operativa gracias al conocimiento previo entre profesionales. "Si no tuviéramos el Servicio Nacional de Sangre, no podríamos cumplir con nuestras tareas asistenciales", afirmó, subrayando el carácter estratégico del organismo.
La reapertura del servicio no solo simboliza la recuperación de una infraestructura, sino también la consolidación de una red institucional y solidaridad social. En un sistema que depende de la donación voluntaria y del trabajo coordinado, la experiencia dejó en evidencia que, incluso ante la adversidad más extrema, la respuesta colectiva puede sostener lo esencial: la vida.
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"El único banco en el que tengo fondos, es en el Banco de Sangre" César Lasa estaba sentado en una de las sillas de atrás. Uno de tantos en el acto, si no fuera porque ya una trabajadora nos había informado que "el señor de camisa verde es uno de nuestros donantes". Así que terminada la ceremonia que dio inicio a la inauguración, nos dio su testimonio, llenito de esa calidez humana que es de imaginar en una persona que fue durante 40 años donador voluntario: "En el trabajo quise formar un club de donantes con los compañeros y no hubo mucho acuerdo, así que empecé a donar solo. Las primeras veces doné porque sí, nomás; después me enteré de esto del donante voluntario permanente y las veces que podía donaba", indica. Lasa tiene naturalizada su condición de donante, de tal manera que cuando habla, aquello que el común de las personas suele considerar un sacrificio, para él es parte de una rutina: "Cuando empezó, mucho tiempo más acá, lo de la aféresis [procedimiento en el que se extraen únicamente las plaquetas de la sangre, retornando el resto de los componentes al donante], empecé a donar plaquetas". A sus 66 años, no puede donar más: "Me jubilé de donante, y siempre bromeo con que en el único banco que tengo fondos es en el Banco de Sangre", dice César, en alusión a que a los donantes voluntarios se les da un cheque que puede ser utilizado por ellos o por quienes designen para exonerar de donante en caso de una cirugía o un tratamiento que lo requiera: "Eso hace que uno tenga protegida a la familia", aclara, y agrega que los hijos también están viendo la posibilidad de seguir sus pasos: "Es la herencia que dejamos...".
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