Los directores sociales de la Administración de Servicios de Salud del Estado, Gustavo Gianre y Jorge Bentancur, llegaron con objetivos claros y amplia experiencia en el territorio, trabajo que profundizarán.
Desde el séptimo piso del edificio central de ASSE, Montevideo se ve distinta. No es la postal del centro agitado ni la del tránsito apurado: desde arriba se mezclan los grises de las construcciones con el verde de las copas de los árboles que sobreviven entre avenidas. Dos oficinas, dos ventanas y dos miradas al mismo sistema de salud pública. Una da a la calle Andrés Lamas; la otra, a la avenida José Pedro Varela. En una trabaja Gustavo Gianre, representante de las y los trabajadores; en la otra, Jorge Bentancur, representante de los usuarios. Separados por pasillos, unidos por el territorio.
Gianre habla con la cadencia de quien viene de muchos años de asambleas, recorridas y discusiones sindicales. Su oficina da hacia el fondo del edificio, como si esa orientación dialogara con su discurso: mirar lo que no siempre se ve. "El objetivo que tenemos trazado con el equipo es el mismo de hace muchísimos años: que los dineros de ASSE queden en ASSE", dice, sin rodeos. Para él, no se trata solo de números sino de sentido de gestión. "La plata rinde mucho más cuando lo hacemos nosotros, incluso mejor que cuando se tercerizan servicios en el sector privado, donde muchas veces la calidad no es la misma".
Pero el eje central de su rol, insiste, es otro: llevar la voz de quienes sostienen el sistema todos los días. "Nuestros compañeros son los que abren y cierran las policlínicas, los que se quedan cuando no hay medicamentos. En el interior profundo, cuando no hay fármacos, no hay plan B: la gente está a 40 o 50 kilómetros del siguiente centro". Esa distancia -geográfica y simbólica- se traduce en dificultades concretas para la atención y también en un aumento de la tensión cotidiana. "Hoy la gente está mucho más agresiva, en Montevideo y en el interior. Y con los problemas de salud mental que tenemos, los compañeros no tienen herramientas para resolverlo y terminan recibiendo agresiones físicas y verbales".
Los comunicados sindicales, cuenta, se suceden casi a diario. Detrás de cada uno hay un trabajador golpeado, insultado, desbordado por una demanda insatisfecha. "Las condiciones están dadas para empezar a resolverlo, pero hay que meterle un pienso entre todos", afirma. Su propuesta combina gestión y presencia: salir al territorio, recorrer centros, escuchar. "Ya estamos planificando viajes al interior con parte del equipo. Hay lugares donde el deterioro de la gestión es importante y el poder de resolución es mínimo, sobre todo en localidades de dos mil a cinco mil habitantes, donde todo depende de una ambulancia y de pocos funcionarios".
Del otro lado del edificio, Bentancur mira hacia una de las avenidas más transitadas de la ciudad. Su discurso, sin embargo, se ancla menos en la urgencia y más en el cambio de paradigma. "Cuando se creó el Sistema Nacional Integrado de Salud se pensó en tres pilares: gestión, financiamiento y atención. Nosotros creemos que hay un cuarto, que es la participación social", explica. Para él, la centralidad del usuario no puede quedar solo escrita en la ley. "No queremos que el usuario sea un objeto consumidor del mercantilismo de la salud, sino un sujeto de derecho. La enfermedad la curan los médicos; la salud la cuidamos entre todos".
Bentancur llega al directorio con una trayectoria de trabajo territorial que no empezó con el nombramiento. Durante los nueve meses de espera para asumir, recorrió 14 departamentos. Foros, talleres, congresos. En 2023, el Congreso de Salud y Participación Social Pablo Carlevaro -con Uruguay como sede- puso a los usuarios en la presidencia. "Trabajamos en formato horizontal", aclara, y enumera experiencias que van desde la primera infancia hasta la participación juvenil. Talleres, campamentos, jóvenes que eligen sus propios temas. "Tratamos de que no sea adulto-céntrico. Nosotros acompañamos, pero la idea es que tengan voz propia".
En su agenda conviven lo urgente y lo importante. Por un lado, los problemas conocidos de los más de 900 centros de atención de ASSE. Por otro, los cambios estructurales que requieren acuerdos con trabajadores, academia, organizaciones sociales y políticas públicas. "Decimos: hay un problema, tenemos una propuesta. Veamos con quiénes tenemos que sentarnos para destrabar esos nudos críticos", resume.
Dos oficinas, dos ventanas y dos trayectorias distintas que hoy convergen en un mismo espacio: el edificio central de ASSE, el mayor prestador de salud del país. Desde allí, lejos de los consultorios, pero con el territorio siempre presente, Gianre y Bentancur asumen la tarea de llevar al directorio las voces de quienes trabajan y las de quienes se atienden. Entre el gris de la ciudad y el verde que se cuela entre las calles, la salud pública se piensa, se discute y se disputa todos los días con la intención de que las decisiones tomadas tengan impacto real y concreto, en cada rincón del país.