Los lentes recetados a niños de 5 años durante las pesquisas del Programa de Salud Visual Escolar son confeccionados por los estudiantes de la tecnicatura en óptica oftálmica de la UTU.
Con sus vientos arrachados, se puede decir que la noche del miércoles 20 de agosto fue de las más recordables de este invierno. A pesar del frío y de la lluvia que cada tanto hacía más adversas las condiciones para salir, las clases en horario nocturno de la vieja UTU Arroyo Seco se dictaron igual.
En el primer piso hay salones con mobiliario atípico para lo que se veía en planta baja: mesas largas, bancos altos, instrumentos desconocidos para legos y lentes de distintos colores. Por si la originalidad de lo que se veía ya no fuera suficiente, estudiantes y docentes vestían túnicas blancas. Sí, eran los salones de la tecnicatura en óptica oftálmica, de eso no cabían dudas.
Pacientes reales para estudiantes reales
Noemí Barrios, referente nacional en la carrera, explica que colaborar con el programa de salud visual es muy importante para los estudiantes, ya que permite tener práctica con pacientes reales: "Nosotros, en otras instancias, cuando no tenemos pacientes, armamos lentes porque se hace una receta estándar y el estudiante tiene que aprender a armar y lo arma, pero obviamente que no es lo mismo que cuando es para un paciente porque nunca vas a poder evaluar la adaptación, cómo quedó ese paciente viendo con esos lentes. Acá vamos a tener esa instancia con la evaluación de si el paciente quedó satisfecho con el producto final", sostiene.
El profesor Leonardo Gorosito coincide con Barrios en la importancia de los pacientes reales, pero agrega: "Este convenio que hacemos con ASSE es excelente porque nos ayuda a tener ese vínculo con el paciente, no solo confeccionando los lentes, sino que los chiquilines también hacen las pesquisas, hacen las tomas de medidas y ahí completan el círculo de trabajo que es lo que más adelante van a ver en la óptica", asegura, y amplía: "Con un paciente real, en las pesquisas hacemos una serie de test preliminares, como la toma de agudeza visual (acompañados de licenciados y oftalmólogos, obviamente), después vamos a la parte más técnica, más nuestra, como la toma de medida del armazón, la distancia interpupilar de los ojos, así como la altura, para poder confeccionarlo de manera correcta para ese paciente", informa.
"Entregarle un lente a un niño no es lo mismo que a un paciente grande, porque el niño cuando ve con los lentes y la claridad con la que ve, es como que se le ilumina el rostro; eso [el asombro positivo del escolar] nos devuelve muchísimo. Es espectacular que, con ASSE, tengamos esta oportunidad", concluyó.
Ángela Da Silva es alumna de la tecnicatura y habla de lo apasionante que le resulta la carrera que eligió, en la que "no solo nos dedicamos a la venta ni solo atendemos público, sino que también aprendemos a hacer la lectura de la receta que envía el oftalmólogo, a armar, cortar, ranurar, perforar... todas cosas que hacemos en el taller". Da Silva recuerda que, a esa parte de aprendizaje, se debe sumar la de anatomía y fisiología del ojo, "nos enamoramos del ojo", sintetiza.
Consultada sobre la importancia que tiene, en tanto alumna, trabajar con los niños y niñas del programa de salud visual, considera que "es importantísimo tener presente de que la conducta, la educación, el avance de un niño depende también de su agudeza visual".
La última entrevista se le realizó a Tabaré Gutiérrez, subdirector de UTU Arroyo Seco. Aparte de informar que unos quince estudiantes egresan anualmente con el título de tecnólogo/a en óptica oftálmica, habló de la importancia que le da a trabajar junto al Programa de Salud Visual Escolar de ASSE: "Cumplimos con un deber histórico de nuestra institución, de la UTU en general, de servir a la sociedad. Para eso nos formamos", concluyó.